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Un lio de años

Freddy Gómez Cajape

En la cuesta empinada
de la segunda juventud
(que es como jugar el descuento)
el corazón le hace un quite
al codo espinado del deseo
Huyen despavoridas las tentaciones
por la alcantarilla de los pesares
y trepan como arenas inquisidoras
las varices por la pantorrilla

La indefinible hamaca de los recuerdos
nos mece al compás del pulso cotidiano
¡Oh pausas carnales!
cada instante es un olvido recobrado
del costal agujereado de la memoria
y cada fecha un panal de nostalgia
¡Oh cicatriz deslumbrante!
manos atónitas apuntan al buho de la infancia
que despluma su linaje en la rama sedienta de una ceiba

¡Oh cojonuda (b)risa!
caricia en reposo
sortilegio para apacientar anhelos
aglomerados en el agujero de la noche
¡Oh manos porosas!
aombradas por la sombra del olvido
envilecidas por el aguijón de los calambres
cansadas de anotar nombres y mensajes
que la niebla enrolla en la resaca de los días

Plegame al pudor de tus párpados
para recordarnos que ahí vamos
con ganas de seguir jodiendo

                                                 8 de agosto, 2007

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PALABREO

Tengo el vicio de escribir guevadas
_dice mi mujer_ pero ella no sabe
que en cada palabra desclavo las cruces
de mi redención y en cada  verso
sondeo los remansos del silencio

Me abismo en los recónditos confines de la conciencia
Reverberan las palabras como el fulgor de los atardeceres
timidas y titubeantes se alargan como el aburrimiento
y se escabullen aturdidas por la cornisa de las cosas
Es entonces que busco obstinadamente
_como Borges_ la palabra que defina todas las palabras

                                               13 de agosto, 2007

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Poemas a  la memoria de mi padre

Freddy Gómez Cajape

SI PUDIERAS ESCUCHARME
Tu silencio, naufragio de palabras                           Leopoldo Marichal  

En un  naufragio de palabras
el silencio presagió el instante
que el nombre de los rostros y de las cosas
se vaciaron del cántaro de tu mente.
Como el asombro acelerando el pedal de la noche
atravieso el puente colgante de la conciencia.
Resbalo en el hielo de la incertidumbre
y te llego empedrado de esteros
entreverado en la leña verde del suplicio
y el humo volátil del olvido.
Sigilosos
descienden los ascensores
al sótano de la angustia.
Voces sonámbulas crujen sibilantes
en los pasillos del hospicio
y aturdidas se escabullen
por las rendijas del silencio astillado.
Si pudiera atrapar el temblor
del instante compartido:
Rescoldo de palabras que se ahogan
en el estupor fluvial de tus manos.
              II
Por el vértice de tu hombro me voy arrozal adentro
(como cuando me contabas una fuerza de cosas)
hundes el espenque en la tierra húmeda y ovárica
que se abre para recibir las semillas henchidas
augurando en verdores aleteantes la cosecha inabarcable.
Pájaros torvos emigran los recuerdos del árbol de la memoria
cruzan canoas sobre las aguas turbias del insomnio
extendiendo su mancha  indeleble
por la empuñadura del machete
que coletea en la piedra de afilar
sacando chispas a la comisura de los utensilios
postrados en la orfandad del granero.
Enlazo a la estaca de la memoria
el relincho medular del potro alazán.
Lacerantes espuelas se clavan en los ijares.
Pastan las vacas bagazos
de impasible mansedumbre.
Densas gotas de sudor
apagan las brasas del día.

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CARNAL, PADRE MIO

Todo se torna graveza
Cuando llega el arrabal de senectud.
Jorge Manrique

En agonía sin tregua
se consume mi padre.
Andamio de cárdenos huesos
temo se rompan en su costado.
Hace ya tantos sábados
que la incesante gotera del olvido
horada el hueso descarnado de su memoria.
Carnal, padre mio, desata los venablos
que traspasan las breñas del monte.
Desprende las agujas que rastillan tus venas.
Sopla como cierzo el cepo que mutila tu lengua
y pajarea con tu honda indómita
el afásico estertor que tapona tus bronquios.
¡Cuánto polvo y bosta braceando en las estepas!
¡Cuánto balido desvelado arraigándose en los corrales!
¡Cuánta férula hormiguiante dilapídase por las sienes!
¡Cuánto despojo de céfiros amontónase en el arrabal de senectud!
¡Cuántos versículos vesánicos aglutínanse en el celaje de tus cejas
  tiñendo con su mancha acuosa los húmeros del alma!
Un epitelial presagio de campánula en tus labios fulgura.
Es tu voz naciéndome en río de espejeante bondad
augusta expresión que brota de la cima de la montaña
anegando en fugaz espuma los linderos de mi infancia
desbordando de trinos los pájaros que cruzan tus ojos.

                                                      
De Desde un lugar de tu cuerpo, Casa de la Cultura Ecuatoriana, Nucleo de Manabi, 2002.

Si desea recibir el poemario Desde un lugar de tu cuerpo, favor de enviar $2 en  giro postal o cheque personal a nombre de:
Freddy Gomez
12 Crystal Avenue
Staten Island, N.Y 10302

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Oda al más extraño préstamo
Jaime Castro, educador y poeta colombiano.
Reside en el estado de Nueva York.

   Mas allá donde se forman
pensamientos y conceptos,
la vida se reduce a veces
a la mínima expresión.
Se valora, se cambia o se trueca
por algo bello o ruín.
Se equipara a lo perdido
si se compara con tangibles
y concretos.
   En esta irrealidad, la vida
   se juega contra todos, contra todo,
   porque nada vale:
   Contra el cero, o por el infinito,
   en apariencia vale mucho.
   Contra la guerra, en la batalla,
   en la trinchera o barricada,
   se cambia por medallas,
   por maderos oscuros de caoba
   como último traje de regreso.
   Vaya sentido figurado,
   nadie la vende, nadie la presta,
   nadie la regala ni la da.

   Yo te la presto,
   Se que la disfrutas,
   sólo por el mordisco
   rosa de tus besos.
   Por la bullosa boca abierta
   de tu risa
   carcajada.
   Por el negro azabache de tus rizos
   trabajados
   Por tus pechos nunca opresos
   y sin mitos
   Por tu cintura talla diminuta,
   copa perfecta
   para las cuartas de mis manos
   Por caminar por mi sendero
   sin mas vestido iluminado
   que el lustre sibarita
   de tus zapatos rojos
   con tacones pequeñitos.
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DESERCIONES
                      
                          Freddy Gomez Cajape

Huyendo  de acreedores y prestimistas
Resbalo en la cáscara de la incertidumbre.
Me levanto más turbado que insecto
Rociado por por insecticida, más desvalido
Que hormiga en un gallinero.

Pongo cara de circunstancias
Para quitarme las sobras de la zozobra,
Sórdida como la pala del sepulturero
Que  tañe las cuerdas del vértigo.

Reconciliado con mi conciencia
Me abro paso entre los  resortes de la demencia
Y el ácido corrosivo del olvido.
Naranja dulce, limón partido
Abre la puerta que estoy perdido
En las líneas de las manos.
                                 

LUNES LUNERO

Lunes arrabalero
Cuaderno vacio de la semana.
Azuleante cuerda de la cordura
Garfio incrustado en la viga
De las circunstancias.

Lunes lunero, brasa
Que la lluvia abraza.
Sahumerio en el parche del conjuro:
Que no venga, que no venga
Que alguien lo detenga
Que siga y siga
Y alguien lo persiga.

Mi ego se pulveriza
En el espeso hollín
De un lunes de arrepentimiento.                            

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LLUVIA
Freddy Gómez Cajape

Quien pudiera ser lluvia
pa’ caerte encima.
Calcar con gotas indelebles
los meandros de tu cuerpo.
Tatuar con insumisa boca
un manojo de antojos
y en goloso arrebato
untarte gotas de miel
en el plenilunio de tu ombligo.

Quien pudiera ser lluvia
para trenzarme a tu talle
y en pertinaz anhelo
empaparte la ropa y los cuadernos
donde separas las sílabas
de la realidad y el deseo.
Quien pudiera desviar tu cauce
desembocar en oscuras cavidades
y quedarme sumergido
en tu gruta de parpadeante espumas.
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OTRA VEZ LA NIEVE

Freddy Gómez Cajape
Frederias@aol.com

Otra vez a palear esta mierda blanca
que densa y obstinada me salpica hasta los húmeros
y cubre con la albura de su piel la superficie
como la sombra de los aviones la soledad de los aeropuertos.
Sopla el viento húmedos fantasmas desprendidos de sus sudarios.
Pájaros extasiados gorjean en el agobio de las ramas
que se estremecen como campanas tañendo la fragilidad del instante. 
¿En qué hálito de la vigilia se desabriga el deseo?
¿En qué fulgor de sábanas alborea la fiebre de los cuerpos?

Las horas se extienden como zafra blanca
turbulentas como la convalecencia del tecato
que mira indiferente el ajetreo matutino:
Pasa un vendedor ambulante que no cede al chantaje
y se va con su mercancia a otra parte.
Pasan los niños tirándose bolas de nieve.
Y en algún callejón sin nombre un aspirante a gangster
con el humo de su pistola firmará la consigna:
Enriquecerse o morir en el intento.
Después de la tormenta pasa el camión
con su pala mecánica para remover la nieve.
Mierdas tanto yo- desde el rincón de una cantina
(como en la canción de José Alfredo Jiménez)
bebo tequila para desactivar la tristeza.

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CRONICAS DEL METRO
Freddy Gomez Cajape

Mientras que los ejecutivos de la MTA (Metropolitan Transportation Authority) viajan en la comodidad de sus limosinas con chofer pagado por los contribuyentes, los usuarios del tren viajamos como sardinas en lata, rozando el aliento del prójimo que se aproxima con su descomunal humanidad y su inseparable equipaje de mochilas y maletines. Si por casualidad encontramos un asiento disponible, y con equilibrio felino logramos sentarnos, quedamos como sandwich entre un par de señoras de robustas proporciones y ocupando doble espacio.

Viajar en los trenes de Nueva York es una aventura solo comparable  a un thriller de bestseller. La incesante marea de 4.5 millones de pasajeros atestiguan a diario un caleidoscopio de  historias inverosímiles y surrealistas. En el tren pululan como miasmas esperpénticos personajes como el sicópata que se pasea al borde de la plataforma con la siniestra intención de empujar a alguien o de tirarse a las  rieles de subterráneo; el mendigo que se hace pasar por ciego, los músicos ambulantes que con rústicos instrumentos interpretan desde música andina hasta una sinfonía de Beethoven; los contorsionistas y bailarines de break-dance, el predicador evangélico que oferta una parcela en el cielo, el vendedor a ritmo de rap anunciando pilas y toca CD; el recaudador de fondos para Sociedades de Beneficencia Anónimas, el borracho que despierta de un largo letargo vomitando blasfemias, el sátiro de mirada omnívora destilando morbo en las faldas de las adolescentes, el farandulero indiferente enchufado en sus audifonos, el lector impávido que cubre su rostro con un periódico  apacigua su hastío leyendo anuncios de Barnes& Noble punto.com y su “poesía en movimiento.

Podiamos suponer los pensamientos de aquellos que cierran los ojos porque urgen momentos de nostalgia: el sobreviviente del holocausto, el desplazado por la narco-guerrilla, el cibaeño que llegó en yola, el carnal que cruzó a pie el desierto de Arizonaa, el ex líder insurgente que huyó de los escuadrones de la muerte, el ñaño del alma que abandonó su amado terruño porque tiene siete guaguas que mantener, el exiliado político que relee las cartas que le llegan de “la cintura cósmica del sur”, el obrero de los talleres de sudor con sus cartas de despido en los bolsillos, la empleadita de tienda que sueña ser estrella de cine como en el poema de Ernesto Cardenal. En fin, un crisol de razas y culturas que convergen en el tren que se pierde por la columna vertebral de cada mañana.

De Desde Un Lugar De Tu Cuerpo

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Halloween Haunts
Freddy Gómez Cajape

Mientras espero que la soledad escampe
siento un escalofrío agusanándome los huesos.
Camino a la estación más cercana del Metro.
Leo a la entrada los carteles sobre seguridad.
If you see something, say something.
¡Si ves algo, di algo!. Y solo veo héroes
y villanos en un conciliábulo sin precedentes.
Se arma un revolú cuando el Hombre Araña
se descuelga del ala de un vampiro
llevándose por delante a los agentes de seguridad.
El Fantasma de la Opera sonrie complacido.
La Mujer Maravilla, seductora y cachonda,
aprieta a Pinocho entre sus piernas y musita
jadeante: ¡Miente Pinocho, miente Pinocho!
El Hombre Marlboro reparte folletos:
Jesus wants you to wear a condom
Jesus quiere que te pongas el condón.
Juan Valdez vende arepas y café.
Santo, el Enmascarado de Plata,
me despierta con una palmada al hombro:
Orale carnal, es la última parada.

New York, 31 de octubre, 2004

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METROFUNK 
Freddy Gómez Cajape

La noche es una anaconda anacobera
engullendo su placenta de placeres clandestinos.
Sabiéndose viajera de símetricas pasiones
zambullese en la fosforescencia cúrcuma del subterráneo.
Hueso bermejo, el viento cruje se encrespa,
y se enreda en los ombligos untuosos
de muchachas que a ritmo de reggaeton
regatean de la arcilla seminal de sus caderas
el temblor ovular de un canto desnaciéndose en los andenes.

El bamboleo del tren une a los cuerpos
en un imperceptible movimiento de muslos.
El perreo de Tego, estirpe de sonero macumbero
pasa la botella mi pana/ los consejos se pagan
mix & mingle  de traseros sinuosos
columpiándose de un cable elíptico
a punto de provocar un coitocircuito.

Como quien hace malabares con huevos de serpiente
surfean los muchachos en el techo del tren.
Gorgotea la sangre en los émbolos del espanto
como atávica ofrenda a la diosa Shamanta.
Attention passengers, the train has been held
momentarily due to an accident on the tracks.
La angustia pegajosa de los minutos
tira por la borda los horarios.
Alguien agita un banderín: Push Bush out.
El ácido corrosivo de la impaciencia
roe el humor de los pasajeros, seres unidos
por la inexorable resina del tedio.
Escuadrones de emergencia recogen los cadáveres.
El tren reanuda su marcha.
The next stop is Bowling Green.

Staten Island, N.Y  20-05-04

Freddy Gómez Cajape, es un poeta y escritor ecuatoriano, autor de Desde un lugar de tu cuerpo (2002) Reside en Staten Island, Nueva York.

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NO ENCONTRARON LO QUE BUSCABAN
A los huerfanos y viudas de la guerra
Freddy Gomez Cajape


Estampidos y fogonazos
atraviesan la medianoche
De las puertas derribadas
de las aldeas en llamas
salen cuerpos mutilados
Niños arrancados de sus cunas
Hombres y mujeres arrancados de sus casas
Dolor y llanto macerado a borbotones
Calles bordeadas por un atajo de sangre

La infamia y la mentira rebasan la barrera del terror
Ciudadanos del mundo es preciso denunciar el crimen
Se robaron el mar y el petróleo
Bombardearon mezquitas y mausoleos
Saquearon bibliotecas  y museos
Milenios de cultura hecho escombros
Cárceles convertidas en campos de concentración
Cuarteles y comisarías en cámara de tortura
Y no encontraron lo que buscaban

QUE NO SE RAJE EL DESEO

Estaba yo  a la orilla de la playa
sacudiéndome la tediosa arena de la costumbre.
De pronto, una ola impaciente me empuja mar adentro
zarandeándome en una marejada salobre de muslos
y moluscos que en sísmico estallido estremece
las claraboyas del deseo.

Como brújula que embruja
el velamen de los sueños,
la cadencia pertinaz de las olas
deslumbra el desconcierto de los peces
encallados en el paladar de la noche.
Un prefacio de gemidos agita los corales.
Ensimismada, la sal lame los arrecifes
Como el deseo el fulgor de los cuerpos.

Desde la bruma que abruma
la sedentaria rutina de los días
te invocan mis manos estampadas
en la tela marchita del recuerdo.
Desde las arterias sedientas del viento
busco tu aliento,
impredecible arruga de la conciencia.
Escozor en la ubre de la mansedumbre.
Mordedura fecunda adentrándose en la memoria.

Staten Island, New York.
23 de julio, 2005
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NADIE LA VIO SALIR
Freddy Gómez Cajape

Lilie Gardner, una afro americana de 79 años fue hallada muerta en un charco de agua congelada el miércoles por la tarde en la azotea de un hogar para ancianos.
Quedé impresionado por la noticia. Le pase el periódico a mi madre. Ella empezó a leer con mucha atención. Fíjate bien  -me dijo- en el nombre del lugar: Gardens of Eden- Nursing Home, es el mismo centro donde estuvo tu padre (que Dios lo tenga en su Santa Gloria). Estoy casi segura que la conoces. Las descripciones del periódico coinciden con sus características. Es la misma señora que tomándote de la mano te decía: “llévame a mi casa”, otras veces te preguntaba si no le habías visto sus llaves.
Volví a leer, subrayando los detalles:”una fuente confidencial reveló que  la alarma de la azotea sonó a las 6:30 p.m. pero los empleados buscaron y no encontraron a la anciana”. Fue encontrada después de cinco horas  con moretones y heridas en el cuerpo. “Debió de sufrir mucho antes de morir”, dijo el abogado de la familia.
Cómo suponer el quejido de la muerte. Cómo percibir sus pasos, su olor. Llegó en puntillas, silenciosa, O fueron los colmillos del viento que se clavaron en su cuerpo y vertieron en sus venas el alevoso veneno. O fueron ráfagas gélidas las que taladraron sus huesos y la doblegaron hasta hacerla caer de rodillas al piso de donde no pudo levantarse más. Dicen que la encontraron en posición fetal, tiesa como un pájaro. Alguien por descuido dejó abierta la puerta que conduce a la azotea. Quizás subió al techo para ver pasar al tren o el taxi que la llevaría a su casa para recuperar del arrabal de senectud lo que el Alzheimer se llevó: los recuerdos con olor a tierra y el nombre de los rostros y de las cosas.
El viento quería reír, el viento quería jugar, y sin querer cerró la puerta. Nadie la vio salir. Nadie escuchó sus gritos desgarradores. En el letargo de la noche daba vueltas como un animal acorralado. La angustia entro como un puntapié en la boca del estómago. Su piel se resquebrajaba, le crujían los huesos. Las moscas emisarias de la calaca se posaron en sus carnes entumecidas. Sus ojos obnubilados poco a poco se fueron apagando. En medio de su respiración agitada, en un instante de lucidez, surgieron imágenes congeladas en la retina: la sal derramada en el mantel, el jabón resbalando en la tina, los botones saltando de la blusa, el perro sato desenterrando su hueso desollado…
En qué recodo del alba quedo su ultimó aliento?  A quien dirigió sus últimos pensamientos? Quizás a los hijos y nietos que nunca la visitaron. O pensó en Dios como si fuera un canal inmenso que abre sus puertas para que entren las almas.
Una paloma blanca alzó el vuelo. O fue su espiritu desprendido del cuerpo.

Y?

Freddy Gómez Cajape
Cuando despertó el dinosaurio todavía estaba allí.
Augusto Monterroso

Todo empezó cuando le dije a Jorge: Abre este libro en la página 153, y vas a encontrar el cuento más breve del mundo. Con gran parsimonia se colocó los lentes y posó su mirada en la página que le había indicado. Tras una larga pausa, soltó un lacónico  y?  Y que? –Le respondí- Es todo lo que tienes que decir. Yo esperaba otra reacción.
Para provocar el interés de Jorge mencioné que El dinosaurio es uno de los cuentos mas conocidos dentro de la narrativa breve. La crítica especializada lo considera un cuento genial por su poder de sugerencia y su capacidad de síntesis. Escritores como el ecuatoriano Marcelo Báez han continuado el cuento; tal vez esa fue la intención del autor. Críticos estructuralistas en innumerables artículos y ensayos han analizado su simbolismo, su diacronía; lo cual pone de manifiesto el enorme interés que despertó la obra de Monterroso…

Me importa un bledo lo que piense la critica –interrumpió Jorge- y se alejó con el tumbao que tienen los chulos al caminar. Para sacarme la pica, busqué la opinión de otros compañeros. Para Arturo, el dinosaurio es un amigo del autor que se quedó a dormir en su casa. Andrea, la más callada del grupo, mencionó que el autor no da pistas ni descripciones que ayuden a la comprensión del cuento. Cómo llego allí?  Qué sucedió antes y después de que apareciera? Por mi parte, agregué que la clave estaba en indagar los antecedentes literarios que utilizó el autor para construir su relato. A partir de entonces, mi afán por dilucidar el significado del cuento empezó a convertirse en una obsesión.
Regresé  a la oficina y busqué información sobre la vida de los dinosaurios. Las preguntas se agolpaban en el cerebro con la misma velocidad que el ordenador procesaba la información. Al día siguiente visité la exhibición Dinosaurs: Ancient fossils, New Discoveries, en el Museo de Historia Natural. Allí  pude empaparme con las últimas investigaciones de científicos y paleontólogos. Datos y teorías empezaron a entrecruzarse y a jugar al escondite con el tiempo y el espacio. El trabajo atrasado se acumulaba en mi escritorio. Tuve que quedarme horas extras en la oficina. Una noche que estaba solo vi al dinosaurio sentado a mi lado. No le puse atención.

Pensé que se trataba de una visión fantasmagórica debido al cansancio. Apagué las luces y regresé a casa. Abordé el Staten Island Ferry. Cerré los ojos para descansar. Cuando los volví a abrir, vi al dinosaurio sentado frente a mí. Taciturno y  rumiaditando, me siguió hasta la casa. Decidí no contar nada a mis colegas. Como iba a confiar en ellos si comentaban a mis espaldas que debido a tanta lectura me había vuelto un viejo chocho. Comentarios que me tenían sin cuidado. Mi mayor preocupación era como deshacerme del dinosaurio. De nada sirvió toda la información que había recopilado sobre el comportamiento de los dinosaurios. No sabia que hacer con esta extraña criatura que dormía en mi apartamento.  A que especie pertenece?  Cuales son los topos de su anatomía?  Es carnívoro o vegetariano?  Es una bestia, una mascota o un robot computarizado?  Por cuanto tiempo mas podré mantenerlo oculto?  Y si los vecinos me denuncian a la Sociedad Protectora de Animales?  Y si llega la policía, que les voy a decir? Sin respuestas y agobiado por un cúmulo de preocupaciones dormí como un tronco.

Cuando desperté, el dinosaurio ya no estaba allí.

Freddy Gómez Cajape. Poeta y escritor ecuatoriano con residencia en Nueva Cork. Autor del libro Desde un lugar de tu cuerpo (poesía). Sus cuentos y poemas han aparecido en diversas revistas literarias de España, Estados Unidos y Latinoamérica.
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Revistas Literarias:

www.redyaccion.com
www.casa-tomada.com
www.colombiainformausa.com
www.caicedonia.redyaccion.com

Gracias por su visita
Freddy Gomez Cajape